jueves, 24 de diciembre de 2009

Merry Pain.

Por fin lo he entendido. En realidad claro que me gustan las Navidades y que las ansío, o por lo menos lo que se supone que deberían ser unas Dulces Navidades... pero faltan personajes en mi novela. Y así, hago como que detesto estas fechas porque estoy resentida con el mundo por no ofrecerme algunas de sus cosas buenas, ¿por qué a ellos sí y a mí no?, eternamente.
Por eso mi aversión hacia las Navidades es creciente aunque relativamente actual. No me gustan desde que la Nochebuena es de todo menos buena. No me gustan desde que el Año Nuevo empieza torcido y sigue peor. No me gustan desde que sólo es llenarse la barriga e irse a la cama en silencio. No me gustan desde que no son Papá y Mamá. No me gustan desde que no es Güelita. No me gustan desde que tengo edad para entender que no es Familia, ni Feliz, y que aunque duela, no hay nada por lo que sentarse a celebrar todos juntos con una sonrisa grapada a la cara.

lunes, 21 de diciembre de 2009

The most.

Creo que suele pasar. Te quedas ahí de nuevo, con las manos escondidas en los bolsillos para que no se note que vuelven a estar vacías, inspirando hielo y expirando un vaho blanco que te empaña los ojos y el corazón.

Es algo que Murphy me enseñó; cuando posees 'x' cosas, pero te da igual lo que suceda con todas excepto con una, es esa precisamente la que se aleja, y, sin más remedio, se precipita hacia el vacío. Quién te ampara ahora.
Entonces, sentirse solo es el peor de los castigos.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

2007.

Se incorporó rápidamente, saltó y a pequeños traspiés fue recogiendo sus prendas, esparcidas por el suelo de moqueta, mientras su pálido acompañante aún dormía desnudo enredado en las sábanas de la 138 de aquel notable hotel europeo.

Encendió un cigarrillo, e intentó templar los nervios masajeándose fuertemente el ceño con la mano libre.
Recordaba poco de la noche anterior, pero los leves restos blancos más papeles arrugados sobre la cómoda le dieron la rápida e incompleta respuesta que buscaba. Suficiente para saber que había vuelto a fallarse, sucumbiendo de nuevo a los placeres efímeros que su compañero le ofrecía de vez en cuando en bandeja de plata.

Aun con todo, la escena que tenía delante era tan perfecta, y su protagonista tan enigmáticamente hermoso, que no pudo evitar querer formar parte y acercarse una vez más al círculo de fuego marcado horas atrás.
Rozó levemente sus labios contra la espalda descubierta del otro, helada como un témpano y con la piel espigada. Sobre ella caían directamente los rayos más tempranos de un blanquecino sol invernal. Imposible negarse a sí mismo que por disfrutar de aquella sensación cada mañana estaría dispuesto a dejarse pisotear una y mil veces más durante el resto de sus días.
Arropó el cuerpo yaciente como pudo, añadiendo improvisadas capas al manto con alguna toalla y jerséis.
Estaba ya a punto de marcharse, cuando volvió sobre sus pasos y echó mano al cajón de la mesilla de noche más cercana, encontrando, como suponía, un bolígrafo y un taco de papel con el logo de la casa en serigrafía.

Cuando el cigarro terminó de consumirse, dejó la colilla junto a la improvisada nota, señalándola como suya.
En efecto, ambos igual de amargos.

"El día que yo no arda de amor, tú morirás de frío."

martes, 15 de diciembre de 2009

Yo tengo la custodia de este sitio.





Nota mental 1: Los "posibles" son infinitos, pero improbables.

Nota mental 2: ¿En qué coño piensas? ¡Deja de torturarte!

sábado, 5 de diciembre de 2009

Potter, te quiero.

Tengo una silla alta de marfil para sentarme,
Casi como la silla de mi padre, que es un trono de marfil;
Allí me siento alto y erguido, allí me siento solo.


-Christina Rossetti.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Nombre propio.

Anoche una digna gacela de líneas finas surcando los mares de hojas mustias,

¿tienes hora?, preguntó.

Cada ojo de un color; mi sístole reconoció el verde, mi diástole el marrón. Dijo que hacía coreografías con las manos y me lo demostró poco después, a mí que no me gustan las demostraciones pero sí los fuegos artificiales.

¿Tienes hora?, preguntó, y se perdió entre el tumulto y las hojas secas.

martes, 1 de diciembre de 2009

Hollywood, AST.

Pues vale, soy una niña. Una niña pequeña que no se cansa de releer los cuentos que ya se sabe de memoria, que se pinta las uñas de mil colores con el estuche que le trajeron los Reyes, y que no puede evitar mirar con curiosidad a la gente mientras camina por la calle. Soy una cría que cuando llora lo hace a mares, y se encoje y se abraza las piernas en vez de preocuparse por enjuagar las lágrimas que le empapan el cuello del pijama. Caprichosa y egoísta, no me importa cuánto tenga que gritar hasta que me hagan caso.
Y al fin y al cabo, mi vida y mi rutina no son tan diferentes de las tuyas ni de las de nadie, seas quien seas, si es que lees.