domingo, 26 de abril de 2009

Sólo un par de veladas bizarras más.

Quizás llegue el día en que pueda beber en paz, sin preocuparme de que después venga la llorera monumental y grite histérica todo lo que no soporto de mí misma, para luego pensarlo en frío y deshacerme lentamente en desolación con una canción desconocida de fondo, puede que el día en que no viva para echar de menos, para pensar a todas horas en la gente que quiero y que por suerte o por desgracia no está aquí para acompañarme, y también será ese cuando consiga entender cómo funciona el endiablado mecanismo que hay dentro de mi cabeza, que nunca me ayuda a decidir qué hacer con mi tiempo pero que tampoco se acaba por estropear de una puta vez y para siempre, como muchas veces desearía.

miércoles, 1 de abril de 2009

Casi 15.

Algunos dicen que blahblah Nirvana se cargó el Punk*, blahblah Cobain no es más que un icono prefabricado, blahblah.
Vale.

Admiro a Kurt Cobain, casi más que a cualquier otra persona que haya pasado por la Tierra.
Macabra y pura belleza la de la autodestrucción; lenta, muy lenta.
Ven como eres, como eras, como yo quiero que seas, MÁS DURO QUE EL CIELO, más allá de los ralladísimos mulatos y mosquitos o de esas infames zapatillas Converse "tributo". Tributo al bolsillo y a la desvergüenza.
He aquí que admirar (¡Venerar!) a Kurt Cobain puede ser una cuchilla de doble filo. Cualquier fan [odio esta palabra] quisiera saberlo todo acerca de su ídolo, se molesta por entender lo que esconde en sus entrañas, por coleccionar cada cd y recortar sus fotos de la prensa. Pero también -y ante todo- le procura respeto.
Kurt odiaba la mediatización de sus letras, de sus gestos, no le agradaba ver su cara en las revistas, ni que el público en sus conciertos cada vez fuera más numeroso. Y tenía razón, es un fenómeno difícil de digerir y más volcado en alguien como él... Aunque si los señores de Sun Pop no le hubieran encontrado un atractivo especial a la mierda en su pelo, hubiese pasado por este mundo sin pena ni gloria = Yo no estaría escribiendo ésto, ni lo conocería. Ahí están las dos caras de la moneda.
Entonces, ¿cuál es una buena forma de admirar a un simple chico que no hacía nada más allá de escupir sus sentimientos? No es irónico, de verdad lo he pensado muchas veces: ¿Tengo que limitarme a escuchar su música? No podría hacer finas críticas referenciando su calidad como compositor, no sé y tampoco me interesa ese aspecto. ¿Hago mal en interesarme por sus vivencias? En efecto, es más que cuatro guitarras rotas y un par de grabaciones de edición póstuma.
O espera, ¿quizá debiera comprar su último puto libro de curiosidades por valor de 60 €uros? (Decimonoveno de la colección, por lo menos. Eso son vampiros y no los Cullen). Psé, mi dinero iría a parar a manos justas, véase su condolida y purpurinosa viuda y su huérfano retoño, la Señorita Faba de Francia, a la cual le deben escasear vestidos de etiqueta o fondos para su próxima macrofiesta de cumpleaños. Como esa última en la que actuó el ex-amante de la, repito, condolida viuda. Está claro, gente humilde.

Y eso, que, españoles, el Grunge ha muerto... Y parece que es para siempre.



*El Grunge (o como se le denomine, no me apetece filosofar sobre si llegó o no a existir como tal) sigue la línea natural del Punk, es el digno estilo sucesor, y punto. Nadie -con cerebro- se traga que la evolución de todo aquello sean los putos Gallagher o esos Good Charlotte, por mucha novia rubia grupi que tengan.
Tampoco el cualquierpalabraXcore, dejémoslo en sucedáneo.