domingo, 29 de marzo de 2009

Film it.

Aún hoy sigo tan segura de que estoy hecha para vivir una película. No pido una superproducción vomitiva con guapos (a ojos del colectivo) y una gran banda sonora, sino sólo una de esas pequeñas bazofias de sábado por la tarde en que el protagonista, joven y prometedor pero incoherentemente frustrado, viaja hacia la otra punta del mundo para encontrarse a sí mismo, y tras un pobre par de frases medianamente guays en el transcurso de dos horas, te hace pensar un poco, y a los cinco minutos se te olvida para siempre.

domingo, 22 de marzo de 2009

Sograndio.

Ayer fue un muy buen día. Estaban todos: estaba él, estaba ella, estaba la pija, la de siempre, la antisocial, la payasa, el bollu, la borde, estaba el vacilón, pikachu, teleñeco, jaisculmiúsical, y muchos, muchos más. Por haber había hasta dos francesitos a uvas, satisfechos con observar desde la distancia el particular estilo lúdico de los adolescentes españoles. Futuros planes a corto y largo plazo, exitazos veraniegos de hace una década (o más), sidraza aliñada y un mobilone/caseta/casa de rincones entrañables. A fumar a fuera y a follar al monte.
Ayer me desahogué de verdad, como no hacía en muchísimo tiempo. Lloré como un bebé en el regazo de mis mejores amigos, los de toda la vida, los únicos y verdaderos. Grité y pataleé hasta no poder más, y sobretodo, les dije que les quería, por encima de todo y de todos. ¿Que tuve que ponerme hasta el culo para soltarme? Sí, sino seguramente me hubiera mantenido igual, tras la coraza de mierda. Pero no me avergüenzo en absoluto, al contrario, me siento satisfecha porque empiezo a entender que durante esos arrebatos no soy una carga. Es ya nuestro rito; oh las drogas, que valen para todo. Como siempre, empieza la cita con risas y revolcones y termina con llantos y abrazos. Por último, observarlos en silencio, recostarme mientras pienso en lo egoísta y afortunada que soy. Puede parecer ridículo, no sé, me da igual. Es lo mejor del mundo.

domingo, 15 de marzo de 2009

Manifesto: Alterando a los alternativos.

Bien, cada uno tiene sus petardeces y ahora me toca a mí ser gratuitamente insolente. Del tipo de cosas que me debería ahorrar para no resultar borde y pesada -una vez más-.
Puede que también autocrítico, y por qué no.

Antes eran los insustanciales e insulsos instituteros los que colmaban mi paciencia diaria con sus banalidades y sus duros de Rosal. Entrañable una vez lo ves desde fuera. Ahora paseo por el extremo contrario, y como tengo que quejarme para ser feliz, me quejo, y me quejo mucho. No es nada personal. -Pero verás,-
Me encarniza la gente que [comillas]ama la música[comillas], hoy en día todo el santo mundo [COMILLAS]ama la música[COMILLAS]. Lo cachondo es que se les olvida un pequeño matiz: Molestarse en CONOCER LA MÚSICA que se supone siguen. La música en general. Recórcholis, algo de música. No hace falta saber lo que es una partitura o un riff, pero sí entender el significado de lo que transmiten sus líneas, el sentimiento o la idea. No, de hecho ahora se valora mucho más la indumentaria y la actitud, aunque se suponga que eso es sólo un atrezzo para completar a lo primero, lo central. Kolegah, no sé, no es un requisito indispensable ser un obseso melomaníaco (o que la gente crea que lo eres), yo no tengo ni zorra de videojuegos ni matemáticas, y vivo con ello. Di que te presta, que te gusta, o como diablos pueda expresarse la sensación de júbilo que sientes sobre la gogotera de una discoteca(?) o con tu maldito reproductor de 300€ taladrándote el cerebro a base de insanos armónicos, pero, ¿amar? AMAR algo significa poco menos que reducir tu vida a eso, significa necesitarlo de verdad.
Y no lo digo con rintintín para hacer creer a las masas mediante mi elaboradísimo sarcasmo que yo sí lo soy. No me hace falta la aprobación de nadie. De hecho, qué coño sabré yo de música, si mi grupo favorito es escuchado por criajas y sale en revistas de menos de 2€ con título fluorescente. Eso no es cool, ¡pUtA mAiNsTrEaMeR dE mIeRdA!. Y yéndonos por los laureles más de la cuenta, oiga, para qué pararnos a pensar en que si es el que es quizá se deba a algún motivo especial, a que hayan hecho algo por mí, por ejemplo, y a que, qué coño, me gusten y punto, ¿a quién le debo explicaciones? No ho, vale más montar al carro de la que pasa y bajarse de la que todos lo hacen, así quedas como Dios. Sobretodo si luego aprovechas la mínima para ridiculizar eso de lo que eras megafán, y dejando bien claro que te avergüenzas de haber pasado por esa etapa. ¡Pardiez, malditos y lejanos quince años! Poco ridículo se queda corto: Incultura e ignorancia hasta límites insospechados, las cuales importarían menos si no fueran combinadas con el pretender. Siempre pretender. Porque con lo jarcorr andergráun que soy yo, qué vergoña, debería buscarme un nuevo grupo de cabecera con el que truñir mis neuronillas. Nada importa, sólo que tenga un nombre guay y que no lo conozca nadie más en la faz de la tierra (como mucho, mis otros amigos guays). O también podría reconvertirme al indie-ota, comprarme un sombrero de-esos-que-no-lleva-nadie y escuchar música para viejunos cantada por gente vestida de marrón (que no música antigua, esa tiene demasiado encanto; fuera ironías). Melodías arrastradas y voces soporíferas las cuales lo único que me sugieren es que me he fumado sin recordar cuándo. Hola, hoy soy emo; hola, hoy soy indie. Caro que sí nin, true a tope. Lo único que demuestra es que ni uno te gusta tanto ni el otro tan poco. Eso sí que da verdadera vergüenza ajena, y hasta las neogóticas podres llenas de lazos y pinchejos son más respetables.
Véase resumido, que prefiero ser mediocre en lo mío pero al menos teniendo claro lo que me gusta y por qué me gusta (recalco que me gusta, no hago como que me gusta), y no rulando de estilo en estilo y tiro porque me toca. Triste, ante la imposibilidad de molar por mí mism@ con vulgares harapos de Berskha/Quiksilver voy a probar a reconvetirme, a ver con qué imagen hago más amigos.
Eso sí, ¡SÓIS TODOS UNOS POUSERRS, DEJAD DE COPIARME!

miércoles, 11 de marzo de 2009

Papyrus.

Últimamente escribo más en el cuaderno rojo: de la que voy a dormir, primer cajón a la izquierda. Pero sobretodo, releo las páginas viejas. Las repaso una y otra vez, un día tras otro, antes de empezar una nueva. Y ya casi me las sé de memoria. Luego, comienzo cualquier reflexión con estrecha mina del cinco, de la que no me gusta porque se rompe fácil. O puede que sea yo, que calque demasiado.